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29 de abril de 2020

Inundaciones  Justicia  Reutemann 

La memoria sigue viva. ¡Carcel a Reutemann y todos los inundadores!

Hoy, 29 de abril de 2020, se cumplen 17 años de la terrible inundación evitable que afectó a la ciudad de Santa Fe, a Recreo y a muchos pueblos de la zona, obligando a evacuar y a autoevacuarse alrededor de 150.000 personas, produciendo muchas pérdidas humanas y cuantiosas pérdidas materiales. La principal causa de la […]

Hoy, 29 de abril de 2020, se cumplen 17 años de la terrible inundación evitable que afectó a la ciudad de Santa Fe, a Recreo y a muchos pueblos de la zona, obligando a evacuar y a autoevacuarse alrededor de 150.000 personas, produciendo muchas pérdidas humanas y cuantiosas pérdidas materiales. La principal causa de la inundación, además de la subida del río Salado, fue la negligencia política que provocó el crimen hídrico. no se trató solo de la inacción de la última semana, sino principalmente de la falta de planificación y ejecución de obras públicas: falta de defensas adecuadas, rutas que actuaron como diques, puentes “sin luz” suficiente para el paso del agua, falta de dragado de los cauces, carencia de bombas para desagotes, loteos en áreas inundables y postergación eterna del proyecto de bajos submeridionales.

Frente a la desidia, inacción y lentitud de reacción del gobierno provincial de Carlos Reuteman y municipal de Marcelo Álvarez, debemos destacar la actitud solidaria de la mayoría de la población. Escuelas, facultades, clubes, templos de todas las religiones, vecinales, sindicatos, colegios profesionales conformaron centros de evacuados, o se autoconvocaron en torno a las escuelas, transformadas en ejes de la actividad.

La CCC de Santa Fe formó parte de esa inmensa movilización solidaria y actuó desde el primer momento, acompañada por el aporte de los hermanos entrerrianos y rosarinos y luego con los compañeros de todo el país que realizaron una campaña nacional de ayuda con donaciones y brigadas de voluntarios que viajaron para ayudarnos. La casa de la CCC, recién trasladada a su local de Aristóbulo del valle 4680, permaneció abierta día y noche. Se trabajó en turnos para localizar a compañeros extraviados o separados de sus familias, con ollas populares y donaciones de ropas, asistiendo a evacuados y a muchísimos otros que se negaron a abandonar sus viviendas, permaneciendo en los techos con lo que pudieron rescatar, para evitar perderlo todo. Y cuando el agua fue bajando, muchos voluntarios, con mucho corazón y pocas hidrolavadoras, comenzaron la limpieza de las casas inundadas, desafiando infecciones y a la leptospirosis. Así se limpió el antiguo local de barrio San Lorenzo, que actuó como centro de distribución de donaciones y olla popular, y desde allí, y en todos los barrios, ayudando a los vecinos que lo solicitaron.

Cuenta una compañera: “entre todas las brigadas de ayuda voluntaria, recuerdo especialmente al grupo de veteranos de Malvinas de La Matanza que estuvieron semanas colaborando desde la casa de la CCC, y el accionar permanente de la Primera Escuela de Psicología Social Enrique Pichón Rivier, que estuvo asistiendo día a día donde se la requirió.”

Hoy nos toca recordar en medio de una pandemia sin precedentes que golpea duro a nuestro pueblo. Pero, como en aquel abril de 2003, brota la solidaridad, la unidad y la lucha en cada comedor y copa de leche comunitaria, en cada grupo de voluntarias contra la violencia de género, en cada red de solidaridad que recorre desde los estudiantes a los trabajadores y trabajadoras. Hoy, como ayer tendemos nuestros brazos solidarios y nos unimos ante la pandemia.
Hoy no podemos marchar, pero la memoria sigue viva. Seguimos pidiendo justicia.
¡Carcel a Reutemann y todos los inundadores!

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