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13 de junio de 2022

Acto por la Soberanía  Bolsa de Comercio de Rosario 

Los enemigos del verdadero desarrollo y la soberanía nacional

Por Luciano Orellano, miembro de la Mesa Coordinadora por la Defensa de la Soberanía Nacional sobre el río Paraná y el Canal Magdalena.     El 24 de junio vamos a un gran acto nacional por la soberanía, la recuperación de nuestro río Paraná y el canal Magdalena frente a la Bolsa de Comercio de Rosario. […]

Por Luciano Orellano, miembro de la Mesa Coordinadora por la Defensa de la Soberanía Nacional sobre el río Paraná y el Canal Magdalena.    

El 24 de junio vamos a un gran acto nacional por la soberanía, la recuperación de nuestro río Paraná y el canal Magdalena frente a la Bolsa de Comercio de Rosario. ¿Por qué allí? ¿Qué importancia tiene en la vida cotidiana de los argentinos y argentinas esta institución que nos resuena tan «indescifrable» y cuyas funciones en general desconocemos?

Hoy, la BCR es una entidad que nuclea a los más privilegiados del mundo por el crecimiento exponencial de los precios internacionales del trigo, maíz, soja, girasol, aceite, harinas y subproductos; del valor de la tierra; de la renta, los alquileres de los campos; del sector financiero; exportadores.

Esos mismos sectores privilegiados son los que además se han transformado en los grandes importadores de la inflación, «el peor de los impuestos», que hace crecer la pobreza, rebaja los salarios, achica el mercado y el consumo interno.

Los históricos altos precios internacionales que los benefician con ganancias extraordinarias, en un país dependiente como el nuestro donde reina el monopolio de la tierra, del comercio, de la banca, etc, terminan trasladándose a los precios internos, y generando en la mesa de los argentinos y argentinas subas de precios que nada tienen que ver con los costos reales, sino con esa condición monopólica de la producción y la comercialización.

La obtención de estas altas ganancias monopólicas responde a la esencia del imperialismo y se asegura mediante un inusitado reforzamiento de la explotación de los trabajadores y el despojo de amplios sectores del campesinado, la industria, el comercio, etc. Esto se transforma en un avasallamiento y saqueo sistemático de los pueblos de los países dependientes como el nuestro, traducidos en distintos mecanismos de tributos, a través del trabajo del pueblo argentino.

La BCR es una entidad que (además de las múltiples funciones que tiene) es un eje económico, financiero, parasitario, que cristaliza la renta terrateniente, y está directamente asociada a la «timba financiera». Es el órgano, no el único, más importante que tienen la oligarquía, el imperialismo, y la burguesía intermediaria en la ciudad.

Está presidida actualmente por Miguel Simioni, junto a referentes provenientes históricamente del sector financiero especulativo y de las cámaras que agrupan a las agroexportadoras y cabe recordar que fue a través de esta institución, que su ex presidente Alberto Padoán, de la empresa Vicentín (asociada a la anglo-suiza Glencore, hoy llamada Viterra) cometió la mayor estafa a los argentinos y a los chacareros, a través del Banco Nación, una «impune» estafa millonaria. Y es imposible además eludir su intermediación en el blanqueo y lavado de dinero, si tenemos en cuenta que un tercio de la cosecha se comercializa en negro.

Es además un centro financiero de relevancia nacional, que ha desarrollado múltiples mecanismos de especulación: mercados a futuros (no solo de los granos sino del dólar), contratos de cobertura, descuento de cheques de pago diferido, fideicomisos financieros, emisión de obligaciones negociables, etc., a través de los cuales una parte importante de la renta proveniente de la producción agropecuaria es convertida en créditos orientados a pymes y grandes empresas, y otra parte directamente orientada a la especulación inmobiliaria y financiera. No es casual que esté cada vez más cerca de concretarse la conformación de un «banco propio», que sería el corolario lógico de todo este proceso.

La Bolsa cumple también una función de usina ideológica que se nos presenta permanentemente como productivista, desarrollista, para sostener un modelo por el que todos los años batimos los récords de crecimiento, desarrollo, innovación, inversión, exportación, mientras en el cotidiano seguimos viendo que el resultado de ese modelo son cosechas récord y pobreza y desocupación récord.

Los rosarinos somos testigos de cómo funcionarios de todos los niveles, repiten como «loros» y obscenamente las «bondades» del modelo y rinden exámenes frente a las autoridades de la BCR.

Son quienes, también, buscan profundizar para Argentina un modelo con una economía agroexportadora, subordinada, dependiente, y de extrema especialización, y una integración al mercado mundial de carácter unilateral. Todo se reduce, en lo fundamental, a la extracción de productos primarios y a un escaso desarrollo industrial, solo con la excepción de aquello que necesita tomar lo mejor de la ciencia (genética animal y vegetal, semilla, fertilizante, químicos, agroquímicos, siembra directa, etc.), pero que entierra toda posibilidad de un desarrollo nacional industrial, autónomo, independiente, con centro en el mercado interno.

Apoyan públicamente el acuerdo del gobierno argentino con el FMI, que legitima la estafa macrista y condena a la Argentina a seguir pagando y aplicando recetas de ajuste, y toda medida que vaya en el sentido del modelo de país que quieren sostener. Son quienes en la provincia encabezaron el lobby por la adhesión a la ley de ART del macrismo para quitarles derechos a los trabajadores.

Gran parte de su poder se conforma sobre la condición de que el Estado ha delegado, en lo fundamental, la posesión y organización de la riqueza en nuestro país, la producción y su distribución, la planificación de la economía real, y los trazos estratégicos, que están hoy en manos del sector privado, principalmente extranjero. Tienen una palanca fundamental para influir sobre la soberanía monetaria, teniendo en cuenta que uno de cada tres dólares que entra al país viene a Rosario y pasa por sus manos. Suben y bajan el dólar cuando quieren y devalúan nuestra moneda.

Se creen dueños del río Paraná y apuntan a controlar todos los eslabones: puertos, comercio, trazos, las vías navegables. Para dimensionar el lugar que ocupan en el diseño de las políticas públicas basta con mencionar que en el famoso proceso licitatorio de la mal llamada hidrovía, en su momento, el Estado le delegó a la BCR la conformación del pliego para la licitación. Desde allí salen los principales planes de la infraestructura vial y ferroviaria de la región centro como el plan Circunvalar o la reactivación del Belgrano Cargas y los accesos a los puertos.

El poder real

Escuchamos mucho hablar de «populismo versus neoliberalismo», «la derecha», «el imperio», borrando las categorías que definen claramente a los enemigos de la clase obrera y el pueblo y borrando las roscas de dominación: los terratenientes, la burguesía intermediaria, el imperialismo (que opera además como factor interno). Ausentes y borradas del vocabulario están también las «clases sociales» y la «lucha de clases».

Así como muchas veces se confunden los conceptos de Estado y Gobierno, del mismo modo se confunden el poder real y el poder formal, ideas fundamentales para desarticular y entender quién gobierna.

El poder real tiene sus voceros. Sectores políticos, empresariales, académicos, son el soporte sin el cual este estado de dependencia es imposible de sostener, construyendo una «cultura de la dominación».

Con este objetivo operan desde su formación la Bolsa de Comercio, la Fundación Libertad, etc. Influencian e instalan sectores académicos de la universidad, de la diplomacia internacional, y se asientan en los formadores de la opinión pública a quienes escuchamos hablar una y mil veces sobre el «crecimiento y el progreso de la producción». Lo que no dicen es «para qué» ni en «beneficio de quiénes» son ese crecimiento y ese progreso.

Quienes detentan el poder real se apropian de la extraordinaria labor y de los logros de nuestros científicos, investigadores y profesionales, además de desactivar permanentemente y atentar contra los mecanismos estatales que deberían garantizar las usinas de una ciencia y un conocimiento autónomos en favor del pueblo y de la patria.

Cabe preguntarles a estos privilegiados «dueños de todo», que se ubican siempre como los «salvadores» a quienes deberíamos rendirles «pleitesía» porque son quienes, según dicen ellos, «nos dan trabajo»:

¿Por qué crece tanto la desocupación en Argentina? ¿Por qué no se resuelve por los años de los años la desocupación estructural que padecemos? ¿Para quiénes son entonces las extraordinarias ganancias?

Si los precios de la tierra, del maíz, trigo, soja, son los más altos desde el año 1914, ¿por qué semejante «privilegio» se transforma en inflación galopante y en un verdadero infierno para los trabajadores que producen, para la producción nacional, para el mercado interno?

Entonces… ¿quiénes les quitan el plato de sopa caliente a nuestros hijos? ¿Quién gobierna?

Así, sin personería electoral y sin los avales para participar en las elecciones, la Bolsa de Comercio de Rosario se ha constituido en los hechos en el principal «partido político» de la Provincia de Santa Fe. Es, además, un centro financiero de peso nacional, realidad coherente con el predominio del capital financiero en la Argentina y en el mundo, del que emanan los principales trazos de las políticas públicas. Expresa así las prioridades de las minorías que aplicarán los gestores políticos de turno en funciones de gobierno nacional, provincial y municipal, siempre en nombre de las mayorías para las cuales las urgencias «permanentemente podrán esperar».

El Estado, en un proceso que se inicia con la dictadura militar en 1976, ha delegado las palancas estratégicas de la economía a los sectores más concentrados de ella, en nombre de garantizar «la libertad y fluidez de los mercados». La ley de entidades financieras de la dictadura en 1977, la ley de Actividades Portuarias y los decretos de desregulación del transporte fluvial y marítimo de 1992, entre otros, constituyen el conjunto normativo que le ha quitado al Estado los instrumentos para poder ejercer la soberanía plena sobre su moneda y entregar a un puñado de empresas monopólicas extranjeras el control del comercio exterior de nuestro país.

El rol de la Bolsa de Comercio es un buen ejemplo que demuestra el peso que posee el «factor interno» en la cadena de la dominación extranjera. El saqueo de nuestros recursos por parte de las potencias imperialistas no sería posible sin el entramado de influencias y presiones que ejercen en las sombras este tipo de entidades sobre el poder político.

Por eso el 24 de junio marchamos a un acto nacional, junto a gremios, organizaciones políticas, sociales, estudiantiles y ambientales de todo el país que ponga sobre la mesa los rostros de los verdaderos enemigos del desarrollo, la soberanía y el bienestar de las mayorías.

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