Noticias

02 de marzo de 2021

El Hoy en el antigolpismo y la dictadura 

Murió Martín.

Escribe Luis Molinas. Hay momentos en que nos abruman las malas noticias. Cuando no nos reponemos todavía de la muerte del querido “Tito” Rosas, o del camarada Jandro, que vivió los primeros años de la dictadura formando parte de nuestra región, nos llega la noticia del fallecimiento de Martin. Se afilió a nuestro partido muy […]

Escribe Luis Molinas.

Hay momentos en que nos abruman las malas noticias.

Cuando no nos reponemos todavía de la muerte del querido “Tito” Rosas, o del camarada Jandro, que vivió los primeros años de la dictadura formando parte de nuestra región, nos
llega la noticia del fallecimiento de Martin.

Se afilió a nuestro partido muy joven, formando parte del movimiento estudiantil de la ciudad de Santa Fe. Vuelto a Rosario, no vaciló en asumir la tarea de Responsable de Propaganda del Regional
Santa Fe, en los años difíciles del antigolpismo, lleno de confusiones y una gran represión dirigida por el IIo. Cuerpo de Ejército. Y sobre todo, luego, en los primeros años de la feroz
dictadura militar.

Con una sencillez y tranquilidad admirables, sin darse ningún dique de importante, peleaba por garantizar que el Nueva Hora (nuestro periódico se llamaba así entonces), llegara a la Provincia
de Santa Fe y la de Entre Ríos. En medio de las detenciones y las provocaciones que llegaron a su culminación con el asesinato de Navarrito en Santa Fe, al que Martin conoció y apreció.
Doblado varias veces para que entrara justo en un paquete de 20 cigarrillos, cuidadosamente vuelto a cerrar para poder entrarlo en el frigorífico Swift, o plegado en dos adentro de la
funda de un disco LP de vinilo y cubierto de polietileno termosellado para transportarlo en ómnibus.

En un período en el que como nunca era necesario unificar al Partido, y comunicar las mejores experiencias para integrarlas con la difícil situación. Y el Nueva Hora era la herramienta
principal. Por alguna discusión política, por razones personales y por errores cometidos por la dirección, nuestros caminos se separaron. Pero nunca despareció el contacto con Martin, el aprecio
mutuo basado en que consideraba simplemente que había hecho lo que había que hacer.

Hace más de un año, antes de la pandemia, nos encontramos en una manifestación en Rosario. El la observaba desde la vereda y se cruzó para manifestarnos su admiración por la
gran cantidad de jóvenes que integraban nuestra columna. Cuando se escriba la historia, su nombre seguramente no aparecerá, como los de Santiago, el distribuidor del diario, que atravesaba con su bicicleta los controles militares, capaz de no espantarse cuando un día se le desparramaron los Nueva Hora en plena calle Alem, frente a policías que estaban de custodia.

O de la responsable de quioscos, a los que hizo llegar el diario hasta el límite de lo imposible. O la responsable de Literatura, que cobraba más de 200 ejemplares de Teoría y Política (la
revista teórica que editaba el partido) en plena dictadura. Que también atravesaba los controles militares con los paquetes de la revista, con uno de sus hijos, y los paquetes cubiertos con los pañales de tela tan sucios que no invitaban al registro.

O la compañera que arriesgaba su trabajo y su libertad, cubriendo con el empaque de la empresa en la que trabajaba, los envíos por encomienda a los lugares más peligrosos. Tampoco aparecerá el nombre del “Flaco” José, que acaba de morir, que fue en el nacimiento del Partido, el primer responsable sindical de la ciudad de Santa Fe, por la sola razón que en el grupo de estudiantes que constituimos el Partido, cumplía algunas guardias de telefonista en Entel para pagar sus estudios y los deseos de fundirnos con nuestra clase.

Cuando conmemoramos los más de cincuenta años de un Partido que jamás traicionó, cuando homenajeamos a Otto Vargas que fue su dirigente principal durante casi todos esos años,
conviene refirmar las enseñanzas de Mao Tse Tung.

Que para el desarrollo de un Partido lo principal es la línea política justa, la que responde a los intereses de la clase obrera internacional y de nuestro pueblo. Y que inmediatamente después están los cuadros, los destacados y los miles que dieron su vida, o parte de su vida, con sus aciertos y con sus debilidades, como Martin, como el Flaco José y tantos otros.

Pueden llegar a perderse sus nombres, pero seguirán siendo una parte esencial del largo y tortuoso camino revolucionario. Que tendrá que ser victorioso, porque es necesario, por nuestra línea y porque esa línea se ha amasado y fundido con el pueblo, con el esfuerzo de miles de compañeras y compañeros, a los que no siempre desde las direcciones, le dedicamos la consideración y el esfuerzo para que todos podamos avanzar juntos.

Volver