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05 de mayo de 2020

Adicciones  Horacio Tabares 

Crisis, pandemia, desvalimiento y consumos

Por Dr. Horacio Tabares Las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir, y cuando. Lo nuevo no acaba de nacer. Bertolt Brecht Los efectos producidos por la pandemia de coronavirus que afecta globalmente a la humanidad nos obliga a algunas reflexiones con el objeto de precisar cambios, nuevas circunstancias, y contextos que […]

Por Dr. Horacio Tabares

Las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir, y cuando. Lo nuevo no acaba de nacer. Bertolt Brecht

Los efectos producidos por la pandemia de coronavirus que afecta globalmente a la humanidad nos obliga a algunas reflexiones con el objeto de precisar cambios, nuevas circunstancias, y contextos que inevitablemente plantean interrogantes a lo que vendrá, y en particular a nuestras modalidades de abordaje de las problemáticas de consumos.

De allí que hemos escrito: “Un tsunami recorre el planeta y nos advierte – algo obvio pero reprimido- sobre la vulnerabilidad y finitud como seres humanos. Frente a este fenómeno global se desfondan los gestos soberbios de los poderosos de la tierra. Es que quienes montaron infernales maquinarias de destrucción masiva, que armaron “invencibles” legiones pretorianas que han sometido a pueblos y países, que inventaron sofisticadas estrategias militares como la “guerra de las galaxias”, que han humillado y expoliado a enormes agrupamientos humanos, se encuentran hoy acorralados por “invisibles enemigos”

New York, el corazón de las finanzas mundiales, atiborrados por riquezas producto de sus criminales rentas, se muestra impotente para frenar los efectos del coronavirus. Allí están las dolorosas escenas de las victimas acumuladas, y de pobladores buscando alimentos.

Cuando la salud es una variable de ajuste de un sistema canibalista, donde los enfoques neoliberales han privilegiado la rentabilidad de las corporaciones. Cuando se ha degradado los niveles de vida de los pueblos, y se han desfinanciado los sistemas de salud, el precio que se paga no puede ser otro (lamentablemente) que la perdida de vida de miles de seres humanos.

Nosotros (humildemente) funcionamos en campos antagónicos, porque somos militantes de la vida, y promotores de salud.

Por eso es que nos embarcamos en esta utópica realidad que se llama Vinculo. Donde entrelazamos ética de la solidaridad, respeto a los valores humanos, el abordaje de las adicciones – pero como nos enseñó el maestro Olivestein- del lado de los adictos, y la lucha contra las causas que producen enfermedad y vulnerabilidad en las comunidades. Hemos sido y continuamos siendo innovadores en prevención comunitaria, en la clínica de los consumos que respeta la idiosincrasia y la integridad del consumidor, y en la formación de técnicos y preventores de salud.”

Al momento de escribir estas líneas   nuestra sociedad se encuentra sumida en una profunda crisis. De allí que nos parece pertinente comenzar por cualificar que entendemos por crisis, cuáles son sus características determinantes y los efectos que produce en agrupamientos humanos. Deteniéndonos particularmente en las consecuencias psicosociales que apareja a aquellas poblaciones “vulnerables”, en este caso a grupos de personas con trastornos por consumos de sustancias.

Algo acerca de las crisis.

Son situaciones que atraviesa un organismo (biológico, cultural, psicosocial o vincular, etc) cuando sus antagonismos internos han alcanzado un grado de desarrollo tal, que imposibilitan la coexistencia de determinados pares de contrarios en su seno.

Desde este enfoque todo sistema (natural o sociocultural) está atravesado, y por tanto, es producto de múltiples crisis. Estas tienen innumerables implicancias, que van a depender, tanto de la magnitud, como de la capacidad del sistema para metabolizar las mismas.

Como seres humanos podemos considerarnos como sujetos de las crisis, que nos condicionan desde el nacimiento hasta la muerte. Por ej. cuando el grado de desarrollo del feto se antagoniza con el organismo que lo contiene (o sea la madre, que lo gesto y protegió su crecimiento), sobreviene la llamada “crisis de nacimiento” . Así es que el ser humano adviene al mundo, transitando por incontables situaciones de crisis, tanto individuales, como familiares, institucionales y/o comunitarias.

Como especie prematurizada requiere de recursos de contención y sostén del contexto.  Es una necesidad vital la presencia de la red vincular familiar y social. El medio, materno y material, da lugar a sentimiento de permanencia, seguridad y continuidad del ser. Son estos procesos que ha estudiado con profundidad el Dr. Ulloa en relación a la ternura humana. Como él dice: “La ternura atendiendo a la invalidez infantil hace posible, desde el suministro y la garantía de autonomía gradual, superar esa etapa inicial y organizar un sujeto esperanzadamente deseante, al tiempo que sienta las bases constitutivas de lo ético.”[1]

Todas estas experiencias – en tanto agudización de contradicciones internas- amenazan los dispositivos de integración del organismo. Si estos son sobrepasados por los montantes de las fuerzas que amenazan la integración, el sistema se tiene que reformular o perecer. Es una dialéctica entre ruptura/sutura.

La reestructuración de aspectos internos del organismo es producto de procesos de aprendizajes, que en el caso de los humanos, producen esas estructuras comportamentales que E. Pichon Riviere denomino “adaptación activa” Para decirlo con sus palabras: “el sujeto esta activamente adaptado en la medida en que mantiene un interjuego dialectico con el medio, y no una relación rigida, estereotipada…….En mi esquema conceptual el concepto de adaptación activa se identifica con el de aprendizaje, al que defino como apropiación instrumental de la realidad para transformarla.”[2]

Tal como nos advierte Pichón, en relación a la salud mental, si los dispositivos internos del sujeto le posibilitan resignificar las situaciones de crisis, es porque se han producido procesos de aprendizaje. Lo contrario es un camino que lleva a la patología, en tanto que sucumbe frente al peso del sufrimiento que apareja la crisis, llevando a una relación rígida, estereotipada con el medio.

Sobre los efectos de las crisis

Las crisis, si bien su periodo de incubación puede ser prolongado, se le presentan a los sujetos, como una invasión súbita, masiva, que desestructura los parámetros de la cotidianeidad. Hay indicios en los sistemas, que preanuncia la emergencia de que pueden alterar el desenvolvimiento de las rutinas del organismo en cuestión.

En el caso de los seres humanos, la mas de las veces, estos indicadores son ignorados o pasados por alto. Es que todo aquello que pueda afectar los comportamientos estructurados de personas o agrupamientos, y que tienen una función de economía psíquica – es decir la concatenación de actos cuasiautomatizados con los cuales se desenvuelve diariamente- decía, aquello que pueda amenazar la homeostasis del sistema, es inmediatamente rechazado.

Ha sido Pichón Riviere quien analizo los mecanismos de “resistencia al cambio”, de lo que ocurre en las situaciones que estamos analizando. Una estructura se configura como resistencia, cuando se incrementan las defensas paranoicas – miedo al ataque – y las depresivas – miedo a la perdida.

Hoy comprobamos en los colectivos humanos las emergencias de miedos, frente a un peligro de orígenes poco conocidos. Este virus, recién comienza a ser estudiado por especialistas, quienes pueden generar hipótesis acerca de su comportamiento, riesgo que implica para la gente, y de posibles abordajes.

Pero entraña riesgos innominados, que activan fantasías del orden de lo siniestro. Que colocan al colectivo en el lugar del desvalimiento, inerme y sin posibilidades de autopreservación. Se conjuga con otro miedo, el de la perdida. En primer lugar, puede perderse la vida, la propia o la de algún ser querido. Amenazada la seguridad, de un trabajo, de una contención familiar, o de rutinas a las cuales se está adherido.

Cuando los montantes de estos alcanzan niveles insoportables, la persona o el agrupamiento se encuentran inmovilizados, sin recursos para movilizar sus dispositivos de autopreservación, frenado sus procesos de aprendizajes y condenados a la repetición de pautas de conductas que son improcedentes, que no resuelven y que, por el contrario, lo sumen cada vez más en el dolor y la impotencia. Podemos decir que la crisis ha desbordado la capacidad de afrontamiento del sistema y lo que sobreviene es el caos.

La crisis produce la necesidad de búsqueda de apoyos, de encontrar refuerzos y confortación, y la perturbación que produce, impele al logro de nuevas regulaciones que posibiliten el reencuentro de condicionantes del placer perdido.

Dialectica de lo individual vs lo colectivo

Es imprescindible ubicar las causas materiales de la crisis que nos atraviesa. Que centralmente es crisis de una concepción sobre los sistemas de salud, asentada en los intereses del mercado.

Como bien ha señalado Ana Quiroga, todo criterio de salud reenvia a la concepción de sujeto que lo sostiene, y a la estructura social de la cual es emergente.

Estos criterios son los que han implosionados en los llamados países del primer mundo, los paises imperiales. Por un lado, han desarrollados sistemas de salud asentados en enfoques tecnológicos de última generación, con una mirada sintomática, individualista, medicamentosa y elitista. Atención –en muchos casos altamente sofisticada – solamente accesible a quienes estén en condiciones de pagarla.

Estos – los dispositivos de salud dominantes- se han demostrado impotentes para dar solución a los miles de afectados en la sociedad global

En nuestro país esta concepción se ha conjugado con políticas de ajuste que lesionado seriamente el sistema de salud pública.

Se desjerarquizo la salud publica al quitarle rango ministerial, mientras se despoblaban los hospitales, con cesantías masivas como el caso del Posadas, o el atropello a científicos del Malbran. En esta situación se debio afrontar la crisis.

Por otro lado, la estructura social vigente, ha agudizado a límites insoportables, las desigualdades sociales, que condenanss a millones a la precarización, el paro forzoso, la superexplotacion, la inseguridad, la alimentación inadecuada, el hacinamiento habitacional – cuando no el estigma de la villa de emergencia – sin condiciones mínimas de salubridad, sin agua potable ni sanitarios adecuados, y por supuesto sin posibilidades de recursos en salud.

Pero además una ideología dominante, machaconamente difundida en ciertas usinas mediáticas, y que ha capturado el pensamiento de millares, empuja al salvataje individual. De allí esos rebrotes fascistoides que condenan al personal de salud por su potencial peligro de contagio, o esas bandas armadas que irrumpieron en la legislatura de un estado de EEUU, obligando a levantar la cuarentena para reiniciar el trabajo.

Pero que esto – que por cierto está vigente en algunos sectores de la comunidad- no nos tape las importantes muestras de solidaridad que han sido notorias en este proceso. Partiendo de la actitud de profesionales de la salud –médicos, enfermeros, auxiliares, psicólogos, kinesiólogas, etc- que en muchos casos en adversas condiciones han estado al frente de los dispositivos para afrontar la pandemia. No menos importante han sido y es la participación de la población, en diversos grupos que colaboran en el abordaje de la crisis.

Hay que tener presente que la salud es una construcción social, donde la presencia el sostén y la contención del otro es determinante. Uno de los recursos importantes para evitar la propagación del virus es la cuarentena, que implica aislamiento   y evitación de contactos físicos.

Pero si bien esta medida es fundamental para evitar/atemperar los contagios, tiene por otro lado efectos que hay que considerar. Veamos las consecuencias en personas que viven solas y que sufren las consecuencias subjetivas de las crisis. Queremos decir que los problemas para estos grupos humanos no son solo de índole medico viral. Este tipo de persona, como otros con altos niveles de vulnerabilidad, de lo que sufren es de la falta de sostén emocional y afectivo.

También para aquellos agrupamientos donde un familiar ha sido separado por constatarse contagio. Por cierto, que aquí es necesario la presencia de equipos de terapeutas que estén en condiciones tanto de sostener, como de orientar a estas personas.

 Doble aspecto de la crisis

De allí que pensar la crisis es intentar mentalizar una ruptura, porque aquella se caracteriza por un cambio brusco y decisivo en el curso de un proceso. Por ello se la asocia con una amenaza de muerte, de un ataque vital. Esta ruptura aludida es vivida como separación y desgarro.

El elemento conflictivo de la crisis se asienta en la emergencia de fuerzas antagónicas, liberadas por una inquietante disfunción.

De esta perturbación, de su repercusión subjetiva, se concluye que la crisis conlleva una amenaza para la integridad del sujeto o el grupo, una amenaza de muerte. Esto moviliza medidas de acción para la supervivencia y la articulación de nuevos comportamientos reguladores.

Toda crisis a la par que implica una situación de dolor y malestar, muestra un rostro inédito, el de la posibilidad. Es el que hace viable, gracias a un movimiento de retracción la modificación del comportamiento, de los mecanismos defensivos y de los esquemas de representación / acción.

Son considerables los agrupamientos que emergieron espontáneamente para colaborar en tareas de afrontamiento de la crisis. Redes de profesionales de la salud, como de docentes, enfermeros, técnicos psicosociales que se ofrecieron para cubrir las necesidades que planteaba la situación. Lamentablemente, en el diseño de las estrategias de abordaje, se priorizo un modelo hospitalario biologista, de donde estos sectores que ofrecieron sus esfuerzos quedaron afuera.

Es como la crisis nos hubiera retrotraído al modelo medico hegemonico, olvidando incluso algunos avances en una concepción psicosocial, comunitaria y participativa de las practicas de salud.

La no resolución adecuada de este enfrentamiento entre dos miradas sobre la cuestión de la salud, dejo por fuera los aspectos emocionales, de apoyos, de contención y de escucha tan imprescindibles para grupos vulnerables.

Rutinas y quiebre de la cotidianeidad

La ruptura de la cotidianeidad pone en juego mecanismos psicológicos complejos. Las rutinas, que forman parte de los componentes de la vida cotidiana, son –entre otras cosas – mecanismos defensivos que controlan y contienen los aspectos psicóticos de la personalidad. Estas estructuras de comportamientos secuenciados con vistas a un fin, por ej. preparar el desayuno a la mañana, mientras leo los periódicos y escucho un programa radial, tienen varias funciones.

Son dispositivos al servicio de la economía psíquica, en la medida que internalizados, facilitan a la persona la realización de actividades diarias, sin necesidad de un planteo reflexivo.

Pero también son responsables del sentido de continuidad, de integración y de equilibrio de la vida. Mientras se pueden desarrollar sin alteraciones el sujeto no solo experimenta paz, sino que puede direccionar su energía psíquica a resolver otros problemas que tiene que abordar.

Pero basta que una crisis de baja intensidad aparezca para que esa sensación se quiebre. Un corte de luz al despertar, una cubierta pinchada cuando tiene necesidad de salir con urgencias, provocan caídas de las rutinas. Y la emergencia de aspectos inmaduros de la personalidad. Aquellos ocultos y contenidos por las rutinas. De donde podemos apreciar la operatividad de las mismas. Que funciona como una trama silenciosa que hacen ruido cuando se quiebra.

Pero si esta es la situación con crisis de baja intensidad, pensemos que le puede pasar al sujeto enfrentado a crisis como la actual.

 

Perturbaciones y desordenes como consecuencia de la crisis

Estamos en presencia de una situación donde el organismo (en este caso el ser humano), se ve enfrentado a un problema que no puede resolver según reglas y normas habituales de funcionamiento.

Una de las consecuencias es el aumento de desordenes y por tanto, de incertidumbres. Sabemos que todo sistema vivo conlleva trastornos en su seno, que son reprimidos, transmutados, integrados.

Las crisis emergen como una regresión de los determinismos, de las estabilidades, y – tal como lo hemos planteado- una agudización de las contradicciones internas del sistema. Con esto la progresión de los desórdenes, inestabilidades y de imprevistos.

Por cierto, que esta situación habilita hacia una progresión de las incertidumbres. Al quebrarse las rutinas se van opacando las certezas. El mundo que se habita se va despoblando de futuros.  Las esperanzas van quedando congeladas

Esto es particularmente observable en personas o poblaciones altamente vulnerables (emocionales) como son los consumidores de sustancias que han llegado a la fase adictiva, aunque otros grupos pueden tener reacciones similares (patologías mentales de alta complejidad, discapacidades de diversos orígenes, etc)

Vamos a centrarnos en poblaciones de consumidores de sustancias.

Crisis y agrupamientos de consumidores

Recordemos – una vez mas – aquella acertada definición enunciada por Ive Pelicier: “las adicciones son una respuesta monstruosa a carencias monstruosas”

El adicto, estación final de los consumos – aunque no destino obligado- es entre otras cuestiones, el sujeto de las carencias. Que se conformaron durante sus primeros años de vida, dejando marcas indelebles en su interioridad. Carencias materiales y/o de figuras tutelares protectoras ( John Bowlby y sus estudios sobre apegos) de palabras, de escuchas, de afectos y sonrisas, de abrazos y de límites. Estas faltas que configuran esos agujeros del alma, que tiempo después buscan llenarse (infructuosamente) con sustancias, con juegos de azar, con sexo o con artefactos electrónicos.

Digo que estos son vanos intentos, pues está demostrado que los consumos solo logran alivio transitorio al malestar, para luego reiniciar el ciclo que encadena y deteriora, cada vez mas al consumidor.

Por cierto, es posible una sutura, pero en y durante un adecuado, y (por lo general) prolongado tratamiento, en espacios institucionales y sostenidos por equipos interdisciplinarios.

Estamos pues frente a una población en condición de desvalimiento, que debe enfrentar una crisis como la que hemos descrito.

Algunos comportamientos de personas desvalidas ante la crisis

Frente a una crisis de la magnitud de la que estamos atravesando, cada cual responde con los instrumentos psicoorganicos, que posee y que ha construido. Mas aquí es necesario hacer una salvedad de suma importancia.

Para cualquier persona es importante los apoyos con los cuales afrontar situaciones conflictivas. Pero si esa persona tiene erosionados sus recursos internos (es vulnerable) la cantidad y diversidad de apoyos adquiere una dimensión invalorable.

De allí la importancia que las personas consumidoras se encuentren protegidas por la inserción en redes relacionales.

Dijimos que cuando afrontamos situaciones conflictivas sumamente traumáticas, las personas las abordan con los recursos que disponen. Digamos que las disponibilidades internas de un adicto son bastantes precarias.

De allí que aquello que moviliza sean mecanismos defensivos primitivos. Por lo que hemos observado, lo que generalmente aparece es la negación acerca de la magnitud y el riesgo de la crisis.

Los mecanismos de defensa son dispositivos internos que utilizamos para defendernos de situaciones amenazantes o críticas.  En este caso hablamos de la negación, que es un recurso mágico omnipotente para hacer “desaparecer” la fuente del conflicto. A veces alcanza a enunciarse, acompañado de argumentos que intentan sostener la inocuidad de la realidad.  Además, el primitivo mecanismo se ha entrelazado con una racionalización. Es decir, con argumentos (supuestamente lógicos) para justificar la negación

Pero la mas de las veces funciona sin soporte discursivo. Se nos presentan como acting out  Nos relataban unas colegas de una ciudad de la Pcia. de  Cordoba, a cargo de un Servicio Municipal de Atencion de Adicciones, que en mas de una oportunidad han recibido llamados telefónicos de familiares de pacientes en tratamiento. Estos al llegar la noche entraban en crisis, y escapaban de su domicilio buscando algún lugar donde aprovisionarse de alcohol o droga. Esta ruptura de la cuarentena, con todos los riesgos que ello implica, supone la instalación de la negación como mecanismo de defensa. Se niegan los peligros que implica buscar drogas y/o alcohol, a altas horas de la noche, como los riesgos del contagio.

Por ej. en otra institución, cuando teníamos la pandemia encima, algunos pacientes presentaron un proyecto para ir a pescar un fin de semana.

Por cierto, que cuando el equipo terapéutico indago motivaciones aparecieron minimización de riesgos, y negación de la magnitud de lo que se estaba desatando en el mundo.

El problema es que la vigencia de estos dispositivos defensivos, al ocultar la realidad desarticulan también los recursos a los cuales es posible apelar para afrontar las crisis en mejores condiciones.

Por eso planteamos que las redes relacionales son instrumentos indispensables para estos momentos. No solo contribuyen a sostener subjetividades deterioradas por los consumos, sino que generan las condiciones para que las personas puedan realizar una adecuada lectura de la realidad.

Entendamos, no hay posibilidad de elaborar estrategias preventivas operativas, si los que participan en ellas no pueden lograr una aceptable lectura de la realidad. Por supuesto que la prevención frente a la epidemia del virus, supone que las personas puedan tomar distancia de los consumos, porque las ingestas tienden a degradar los comportamientos adecuados para evitar los contagios.

Los enfoques adecuados para enfrentar la crisis: participación, protagonismo y autopreservación, tanto de uno mismo como del grupo de pertenencia.

La aparición, diseminación y propagación del virus a escala planetaria nos obliga a plantearnos un escenario diferente del que conocimos hasta 3 meses atrás. Los efectos en el ámbito de la salud, en la economía, en las relaciones entre paises y grupos de poder, la caída estrepitosa de conceptos político-economico y de dirigentes mundiales, que demostraron no ser aptos para las responsabilidades que debían asumir.

Hoy, muchos temas que parecían indiscutibles, podemos empezar a examinarlos desde otras perspectivas, desde otros parámetros. Consecuencias de la crisis, y aprendizajes si es que nos animamos a poner en tela de juicios conceptos rígidamente incorporados. Es verdad, muchas cosas pueden y deben cambiar. Pero de ello que nadie piense que los poderes mundiales se van a derrumbar, o que resignaran lugares por que si. La historia de la sociedad nos ha enseñado que solo una fuerza organizada y con claridad de ideas puede desalojar a los grupos de poder que hoy se enseñoreado en Estados y países, y que son los principales responsables de los sufrimientos que vivimos.

Pero si hay enfoques que hoy han demostrado su incompetencia –por ej. determinadas orientaciones en salud que se han aferrado a modelos tecnocráticos, biologistas y elitistas – han quedado otras prácticas que siguen mostrando su vigencia. Estos son los criterios de participación, solidaridad y protagonismo de la población en la construcción y el desarrollo de estrategias de salud.

En este sentido el Dr. Gustavo de Roux, de la Universidad del Valle Cali, Colombia ha escrito:” la XXII Conferencia Sanitaria Panamericana resalto la importancia de readecuar los servicios de salud para poder atender demandas crecientes y cualitativamente variables, recomendando desarrollar y fortalecer los Sistemas Locales de Salud (SILOS) . Estos se conciben como el conjunto de recursos de salud (sectoriales, extrasectoriales y comunitarios) que se interrelación en un cierto espacio geográfico para responder por el desarrollo de la salud de una población determinada. Los procesos interactivos entre las instituciones de salud y población, la estructura social de apoyo a la salud y el comportamiento individual y colectivo para protegerla, constituyen ejes fundamentales de ese sistema (OPS, 1989).

Los SILOS representan, a nivel de un territorio y de su población respectiva, la combinación concreta de recursos y acciones de diferentes agentes institucionales y comunitarios. Es a este tipo de participación ampliada a la que puede considerarse como participación social.

La concepción de sistema local de salud sugiere la necesidad de que las instituciones, sin abandonar su papel tradicional de prestatarios de servicios, puedan trascenderlo convirtiéndose en líderes de la movilización de recursos sectoriales,

Este nuevo énfasis supone colocar la provisión de servicios en la perspectiva más abarcadora de “producción social de la salud”. Es decir, en un proceso donde las organizaciones sociales de base y las instituciones extrasectoriales comparten el papel protagónico bajo el estímulo y orientación de las instituciones especializadas del sector salud.”[3]

Nos hemos extendido en la cita de este interesante trabajo porque compartimos varios de sus puntos de vista.

Alli están las experiencias realizadas por nuestra institución, Vinculo Centro Comunitario de Salud Mental de Rosario. Desde hace años propusimos una estrategia preventiva comunitaria en salud asentada en criterios participativos, activando el rol protagónico y solidario de la población. Este modelo tiene como eje la instalación barrial de Consultorías constituidas por profesionales, operadores y estudiantes de la Institución. Ubicadas en espacios cedidos por organizaciones barriales. La función principal de esta célula preventiva – a más de atención en crisis, orientación y derivación – es establecer un sistema reticular con las organizaciones, tanto estatales como de la sociedad civil de la zona (escuelas, centro de salud de A.P.S., vecinales, comedores comunitarios, clubes sociales y deportivos, bibliotecas públicas y centros de jubilados, ect). El propósito es realizar un diagnóstico intersectorial comunitario, para diseñar, planificar y ejecutar las estrategias preventivas necesarias. Dado que este tema lo hemos desarrollado extensamente en otros textos remitimos al lector interesado a los mismos[4]

 Algunas propuestas para transitar la crisis.-

El reconocido sanitarista madrileño,  Dr. Segura del Pazo, quien luego de una reflexión profunda sobre el balance de los sistemas de salud operantes en la crisis del coronavirus enuncia las siguientes propuestas, que nos hemos permitido reproducir:

 “Este modelo de respuesta comunitaria, que entrelace la movilización de los dispositivos institucionales sociosanitario comunitarios con los grupos vecinales de solidaridad, podría ponerse en marcha, con las siguientes 20 acciones, que suponen una nueva priorización en la organización y en el destino de los recursos financieros extraordinarios que se están movilizando:

  1. Reconocer como “servicios esenciales” a la APS, ASP, SMC y otros dispositivos de salud comunitaria existentes (como la sanidad municipal), reforzar su coordinación y dotarles de medios extraordinarios: reforzar las plantillas, desprecarizar los contratos, equiparles con medios adecuados (para protección, diagnostico, comunicación, registro e información), incluidos los tecnológicos [6] que pueden ser de gran ayuda en la coordinación de recursos e interconsulta.
  2. Reforzar la identificación domiciliaria de nuevos casos, su diagnóstico, triaje, aislamiento seguimiento.
  3. Reforzar el servicio de atención telefónica de las demandas de ayuda sanitaria, social y de asesoría legal
  4. Coordinar una red público-social de acompañamiento telefónico y presencial a personas en situación de soledad, aislamiento o desamparo.
  5. Reforzar la cobertura (tanto telefónica, como presencial) para la prevención de problemas de salud mental y la atención a las personas con diagnóstico de enfermedad mental.
  6. Reforzar los servicios de atención a personas con adicciones.
  7. Apoyo personal, familiar y comunitario para afrontar el duelo (modelo de Comunidades Compasivas)
  8. Habilitar “lazaretos comunitarios” o el acceso a “hoteles medicalizados”, para personas infectadas que no tengan condiciones mínimas domiciliarias para la cuarentena.
  9. Ofrecer hostales o pisos vacíos disponibles, para las familias hacinadas, sin condiciones mínimas para seguir en confinamiento.
  10. Asegurar provisión de alimentos y bienes básicos (a domicilio, en bancos alimentos, comedores populares o con bonos de alimentos)
  11. Asegurar el acceso efectivo a la renta mínima de emergencia.
  12. Reforzar la asesoría legal, oficinas de empleo e inspección de trabajo, para identificar despidos improcedentes, exposiciones laborales y facilitar la tramitación de ayudas.
  13. Identificar colectivos en situación de especial vulnerabilidad y que sufren barreras de acceso a los servicios públicos
  14. Estar muy atentos al riesgo de violencia de género y otras formas de maltrato doméstico (vigilancia vecinal, profesional y policial)
  15. Formación y acreditación de agentes vecinales para apoyar a los equipos profesionales en tareas auxiliares, y en la constitución de una red de identificación y ayuda a personas especialmente necesitadas.
  16. Establecer canales de comunicación que sean de confianza para la población (implicación de líderes comunitarios), para evitar desinformaciones.
  17. Reforzar la formación de las fuerzas de seguridad para que sean empáticas con la población y eviten sobreactuaciones autoritarias
  18. Establecer un sistema de mapeo, registro y seguimiento de riesgos, casos, recursos y activos en salud, con la colaboración de la ciudadanía, y devolverles periódicamente la información anonimizada.
  19. Cuidar la estigmatización de los casos y curados.
  20. Organizar el uso progresivo y controlado del espacio público (paseos de niños y niñas, ejercicio al aire libre, uso de parques, bicicletas, etc)

 

Habrá que estudiar cuál de estas acciones pueden ser realizadas en colaboración público-social y cuáles no. Cuándo y cómo pueden realizarse acciones presenciales y reuniones de pequeños grupos. Cómo puede ir utilizándose el espacio público con seguridad.

De cualquier forma, todas ellas deben hacerse con un triple enfoque: de equidad (atender a todos, pero más a los más necesitados), participación (practicar el cruce de saberes técnicos y del vecindario) y seguridad (prevención del contagio). De esta forma, no solo tendremos más “orgullo de barrio” o pueblo, sino que seremos más eficaces para enfrentarnos a un problema que es Común (la pandemia), de la mejor forma posible: actuando en Comunidad”[5].

Encontramos en las palabras de Segura del Pozo una notoria preocupación, tanto del rescate de dispositivos de salud comunitaria –probados en su eficacia – como la de incorporar otros espacios que han cobrado vigencia en las actuales situaciones.

Nos referimos a propuestas como –entre otras- la construcción de una red publico social de acompañamiento a personas en situación de soledad, aislamiento o desamparo. O por ej. los apoyos para afrontar los duelos, como también la habilitación de “lazaretos comunitarios” para infectados que no tengan condiciones adecuadas para la cuarentena.

Tanto en la propuesta de este sanitarista como en la del Dr. Gustavo de Roux, se advierte un concepto de salud que rebasa el mero criterio hospitalario. Que consideramos importante y decisorio, pero no exclusivo.

En todo caso el perfil del médico, tal como lo concibe Eduardo Menendez, es el del curador. Aquel que opera desde la enfermedad para restituir la salud. Pero estamos lejos todavía del ideal de un promotor de salud, que entre otras cuestiones opera –conjuntamente con la población- en el abordaje de las condiciones materiales que generan patologías Nos referimos a que vivienda digna, trabajo y salarios adecuados, acceso a la educación y a la cultura, son también condiciones que determinan los niveles de salud de la población

Sino veamos ahora, donde como una medida acertada para frenar la expansión de la pandemia se planteó la cuarentena, y elementales medidas de higiene, como lavarse las manos, lavar comestibles y vestimentas, establecer distancia adecuada entre las personas.

¿Pero cómo se concretan estas medidas si nosotros en Rosario, para tomar un ejemplo, tenemos casi un quinto de la población viviendo en villas de emergencia? Donde familias viven hacinadas en habitaciones pequeñas, insalubres y carentes de los servicios básicos como agua, sanitarios, sin cloacas y con zanjas a cielo abierto.

En 1842, con solo 22 años Federico Engels publica un libro notable que puede considerarse precursor de la medicina social. Nos referimos a “Situación de la clase obrera en Inglaterra”.

Leamos algunos párrafos donde el autor describe cómo viven los obreros ingleses: “Resumiendo ahora el resultado de nuestra ingrata peregrinación a través de estos lugares, podemos decir que los 350.000 obreros de Manchester y sus suburbios viven, contadas excepciones, en detestables, húmedos e inmundos cottages, que la mayoría de las calles en que estos se levantan se hallan en el estado más deplorables, en las peores condiciones de suciedad y mal ventiladas…”

Agregando más adelante: “ya hemos tenido ocasión de mencionar más arriba una actividad extraordinaria realizada en Manchester por la policía sanitaria en los tiempos de cólera. Al acercarse esta epidemia, la burguesía de esta ciudad se vio presa del pánico

De pronto se acordó de que los pobres vivían en casa malsanas y los ricos se echaron a temblar ante la certeza de que cada uno de aquellos barrios misérrimos se convertiría en un foco de la peste, irradiando su acción asoladora por todas partes hacia los barrios de la clase rica”[6]

Como bien podemos apreciar la historia se repite, y continuara repitiéndose mientras no cambien radicalmente las estructuras de esta sociedad.

A casi 180 años de este libro, las condiciones de las clases explotadas parecen no haberse modificado. Y no es porque no falten recursos para sostener a la población en condiciones dignas de vida.

En un articulo reciente Luis Molina demuestra que los grupos de poder han acumulado y continúan acumulando riquezas a costo del sufrimiento de la mayoría de la población, y que si se realiza un reparto equitativo ningún hermano de esta tierra debería vivir en condiciones inhumanas, situación está que los condena a estar mucho mas expuesto al contagio del virus.

Asi dice: “Para abordar solo la zona del gran Rosario, un puñado de terratenientes, dueños de pooles de siembra, fábricas de aceite, puertos y exportadoras se apropian de lo fundamental de las riquezas que producen miles de trabajadores, utilizando la infraestructura de dragado, rutas, ferrocarriles, servicio de salud, etc., hechos por el estado que ellos tanto denigran, de un modo directo o por medio de subvenciones.

Ese pequeño número de empresas y empresarios, en su inmensa mayoría extranjeros, no dejaron de trabajar un solo día durante la cuarentena. Han embarcado alrededor del 90% del promedio histórico. El faltante es debido a que, por la bajante del río Paraná, los barcos pueden cargar entre el 85 y el 95% de su carga total (según el tamaño de los graneleros). Pero completan su carga en el Sur, particularmente en el Puerto de Bahía Blanca.”

Como vemos ellos no pierden nada, los que pierden siempre son las clases populares y explotadas. Para cerrar me permito reproducir el último párrafo del libro  La Peste de ese gran escrito que es Albert Camus:

“Escuchando los gritos de alegría que subían desde la ciudad Rieux recordaba que esa alegría estaba permanentemente amenazada. Pues sabía lo que la muchedumbre en fiesta ignoraba y puede leerse en los libros, a saber: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece nunca, que puede permanecer adormecido durante años en los muebles, y las ropas, que aguarda pacientemente en las habitaciones, las cuevas, las maletas, los pañuelos y papeles y que quizás llegue un día en que, para desdicha y enseñanza de los hombres, la peste despierte sus ratas y las envíe a morir a una ciudad alegre”

«La peste» Albert Camus

 

[1] Ulloa, F.O. “Novela clínica psicoanalítica. Historial de una practica” Paidos Editorial. Bs.As. 1995

[2] Lema, V.Z. “Conversaciones con Enrique Pichon Riviere” Sobre el arte y la locura. Timerman Editores. Bs.As. 1976

[3] De Roux, G.I. “La participación social en los Programas de Salud Mental en  la comunidad” en Temas de Salud Mental en la comunidad. Organización Panamericana de la Salud. Washington, D.C. 20037. E.U.A.

[4] Ver del autor “Consultorias barriales: un instrumento eficaz para la prevención comunitaria” de Diálogos con los docentes sobre el consumo de sustancias. En el libro Sobre consumos y violencias. Gabas Editorial.Bs.As 2011

[5] Segura del Pozo “Mas alla del # Quedate en casa y otras épicas” Madrid 18 de abril de 2020

[6] Engels, F. Situacion de la clase obrera en Inglaterra. Fondo de cultura económica. Mexico 1981

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