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16 de febrero de 2021

Otto Vargas 

¿La pluma o la montaña?

Escribe Luciano Orellano Los hombres que pasan por este mundo, cuando se van, pueden tener el peso de una pluma o el de una montaña, como el Aconcagua, como la Cordillera de los Andes. La partida de Otto tiene el peso de una montaña, del Aconcagua, ¡de la cordillera! Cuando las aguas están relativamente calmas, […]

Escribe Luciano Orellano

Los hombres que pasan por este mundo, cuando se van, pueden tener el peso de una pluma o el de una montaña, como el Aconcagua, como la Cordillera de los Andes.

La partida de Otto tiene el peso de una montaña, del Aconcagua, ¡de la cordillera!

Cuando las aguas están relativamente calmas, puede parecer que estos hombres no tengan tanta trascendencia.

Pero cuando las aguas están revueltas, cuando hay vientos de revolución y emancipación, estos hombres se convierten en inmortales. Algo así pasó con Lenin.

Otto es hijo de una generación que protagonizó las revoluciones, estuvo en Cuba, conoció al Che. Fue parte de un gran ejército que conquistó el socialismo en dos tercios de la humanidad. Luego sufrimos la derrota, una tragedia para los explotados del mundo.

A los hombres se los mide por sus aciertos y por su comportamiento en las “buenas”, pero sobre todo en las “malas”.

Cuando la ofensiva reaccionaria arrasó con los partidos comunistas en el mundo, acá no pudieron. Así se sostuvo el PCR, con su Secretario histórico Otto Vargas a la cabeza del combate.

Fundido siempre con los sentimientos de las masas, Otto fue un gladiador a la hora de defender inclaudicablemente el marxismo en la lucha contra el revisionismo, el reformismo y el oportunismo. Defendió su Partido, la doctrina, la teoría de la revolución, la ciencia de la clase obrera: el marxismo-leninismo, y sobre todo el maoísmo. Porque fue el hombre que trajo el maoísmo a la Argentina. Tenía claro que había que ser “maoístas” y aprender de ese gran laboratorio que fue la revolución china y sus enseñanzas y del problema de cómo integrarlo a la realidad argentina.

Su desvelo por resumir la historia universal, su apasionada preocupación por el presente y sobre todo por el futuro, y en eso particularmente por la juventud, se debía a que un partido revolucionario –decía- se tiene que ocupar de muchas cosas, pero sobre todo del futuro.

Uno tuvo la suerte y el privilegio de conocerlo y participar de algunas reuniones internacionales con él. ¡El respeto, la admiración, el reconocimiento que tenía este hombre en el mundo por sus aportes a la clase obrera internacional! ¡Un gigante!

A nosotros que lo acompañábamos se nos llenaba el pecho de orgullo, y él con su humildad, su sencillez, parecía intrascendente.

Otto no oía, escuchaba, tenía una escucha privilegiada. Siempre era importante lo que tenía que decir “el otro”, no él. Abierto y generoso, era un convencido de que a los lugares se iba a aprender y la tarea era resumir las mejores experiencias de las masas para alumbrar las luchas venideras.

¿Es posible construir un Partido sin eso? Observaba los más mínimos detalles, les daba importancia hasta a los chistes en los pasillos. Siempre el hombre miraba lejos, y consultaba permanentemente a sus camaradas.

Su desvelo por la integración del marxismo a la revolución en Argentina y sus aportes, son infinitos. Nos alumbran el camino, y es fuente de inspiración para nuevos desarrollos e investigaciones que atiendan los cambios vertiginosos de este mundo y den respuesta. Hizo del marxismo un arma para la Argentina.

Por eso llamamos a estudiar su obra: el mejor homenaje.

Libros, cuadernos, artículos, miles de documentos.

Por eso Otto, te estudiamos todos los días, y te consultamos.

El “Otto de todos” vive en nuestra conciencia revolucionaria, en nuestros corazones, y a su legado lo llevaremos al triunfo para concretar los sueños de una nueva Argentina.

¡Hasta la victoria siempre camarada Otto!

Luciano Orellano  (14-02-2021) 

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